Una de las situaciones más difíciles
a la que deben enfrentarse las organizaciones de ayuda
humanitaria
como Oxfam, es verse obligadas a cerrar un programa de
asistencia con el consecuente abandono de las personas
con las que estaban trabajando.
Y cuando el personal de Amnistía Internacional
y los testigos se ven obligados a abandonar una zona, tanto
los civiles como las fuerzas armadas saben que no quedará nadie
para dar testimonio de las violaciones y los graves abusos
contra los derechos humanos.
Sin embargo, cuando el personal se ve amenazado por la
violencia armada, no queda otra opción.
Entre 1997 y el 2001, 180 trabajadores civiles de ayuda
humanitaria murieron en actos de violencia.
Los programas de ayuda humanitaria proporcionan alimentos,
agua, servicios sanitarios y asistencia médica básica
en situaciones de emergencia. La suspensión de un
programa, aunque sea por un periodo breve, tiene consecuencias
evidentes y directas.
Los ataques al personal de las organizaciones de derechos
humanos y ayuda humanitaria no son lo único que
agrava las situaciones de emergencia y niega la ayuda básica
a centenares de miles de personas. En el invierno de 2001,
los daños causados por los bombardeos en los almacenes
de comida del Programa Mundial de Alimentos y del Comité Internacional
de la Cruz Roja dificultaron aún más el suministro
de alimentos a las familias cuyas cosechas no habían
salido adelante en Afganistán.
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