El gasto en armamento
y en mitigar los problemas causados por las armas, disminuye
la capacidad de los países de promover el desarrollo. África,
Asia y América Latina gastan anualmente 22.000 millones
de dólares en armamento. Sólo con la mitad
de esta suma se habría podido lograr una educación
primaria universal y la reducción de la mortalidad
materno infantil.
En los países gravemente afectados por la violencia
armada, el comercio y la producción se resienten,
desaparece el turismo y la gestión estatal de las
infraestructuras y los recursos nacionales se ve gravemente
afectada.
A menudo, las armas se utilizan para impedir el acceso
a hospitales, tierras de cultivo, escuelas y mercados:
los centros de salud se convierten en objetivo militar,
las escuelas cierran o son utilizadas como “campos
de refugiados” y las tierras de cultivo están
plagadas de minas. Esto empeora las condiciones de vida
y provoca mayor pobreza.
Además, las armas obstaculizan el acceso a la ayuda
humanitaria e incluso la manipulan y utilizan como arma
de guerra. |