La “guerra contra el terror” tendría
que haber centrado la voluntad política en prevenir
que las armas cayeran en manos equivocadas. Pero desde
los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, algunos
proveedores han relajado sus controles con el fin de armar
a los nuevos aliados contra el terrorismo, independientemente
de su desprecio por lo derechos humanos y el Derecho Internacional
Humanitario.
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