A finales de 2002, unos 30 millones de personas buscaban
refugio fuera de su propio país; muchas habían
huido de la represión y de conflictos violentos
. La mayoría eran mujeres y niños. Las ventas
irresponsables de armas avivaron las guerras y los graves
abusos contra los derechos humanos y les obligaron a abandonar
sus casas, destruyeron sus vidas y su medio de sustento
y los condenaron a la pobreza.
Los refugiados están especialmente expuestos a
la violencia armada. Durante el conflicto de Ruanda de
1994, los campos de refugiados fueron atacados repetidamente
por grupos armados de oposición, e y un gran número
de personas refugiadas murieron o fueron torturadas, secuestradas
o violadas cuando huían de un campo a otro intentando
salvar sus vidas.
Resulta indignante que, mientras los gobiernos de los
países ricos venden alegremente armas a países
donde se cometen graves violaciones de los derechos humanos,
no se comportan con la misma alegría a la hora de
abrir sus puertas a los solicitantes de asilo de esos mismos
países. Del más de un millón de personas
que pidieron asilo en la UE entre el 2000 y el 2002, la
mayoría procedían de Iraq, Yugoslavia, Afganistán
y Turquía. Los Estados de la UE exportaron armas
a todos estos países durante las décadas
de 1980 y 1990. |