Millones de hombres, mujeres y niños
viven cada día bajo la amenaza de la violencia armada.
Las armas se utilizan para matar, pero muy a menudo también
se usan como método de coerción para realizar
cualquier tipo de abuso: heridas y mutilaciones, reclutaciones
a la fuerza, violaciones de mujeres a punta de pistola,
reclutación forzosa de niños y niñas
soldado, torturas y arrestos arbitrarios, desplazamientos
de población, secuestros y raptos de rehenes, desapariciones,
etc...
La violencia armada acaba con la vida de 500.000 personas
al año y causa daños físicos, psicológicos
y emocionales enormes a millones de familias. Comunidades
enteras viven inmersa en el dolor y ven como la esperanza
se convierte también en una víctima de las
armas.
“¿De qué modo se espera que gritemos? ¿Cuánto
dolor y sufrimiento se piensa que podemos soportar? ¿Cuántas
cabezas y manos han de quedar mutiladas por los mísiles
antes de que alguien nos preste atención?” Emily
Baker, cuyo marido fue asesinado en el conflicto de Liberia,
2003.
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