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G-8: Exportadores globales de armas
27 de julio de 2005- La campaña
Armas bajo Control publica un informe en que denuncia que
los países del G-8 son responsables del 84% de las
exportaciones mundiales de armas.
Amnistía Internacional e Intermón
Oxfam consideran que un verdadero compromiso del G-8 con
África y con el desarrollo de los países del
sur debería conllevar medidas firmes para reducir
de manera significativa la exportación de armas a
los países empobrecidos. El G-8 no está dispuesto
a afrontar este problema porque el problema reside en ellos:
los países del G-8 generan el 84% de las exportaciones
mundiales de armas que tienen lugar cada año, según
un informe de Amnistía Internacional y Oxfam Internacional
(Intermón Oxfam en España) titulado G-8:
exportadores globales de armas (archivo en inglés,
pdf 515kb).
Los cinco principales exportadores de armas del mundo forman
parte del G-8. Son, por este orden, Estados Unidos, Reino
Unido, Francia, Rusia y Alemania. En cuanto a la exportación
de armas ligeras, que matan cada año a 500.000 personas,
el podium está conformado por Estados Unidos, Italia
y Alemania. Los ocho países más ricos del
mundo invierten en la industria armamentística diez
veces más de lo que destinan a ayuda al desarrollo.
Canadá es el país que sale mejor parado al
dedicar a las armas cuatro veces más que al desarrollo,
mientras que Estados Unidos alcanza el peor registro: 24
veces más en armas que en ayuda. El informe de Amnistía
y Oxfam revela que los países del G-8 no sólo
se saltan los embargos de Naciones Unidas a la torera, sino
que todos ellos violan sus propias leyes nacionales. Caso
por caso, estos son algunos datos que revela el informe:
Canadá exportó en 2003 armamento por
valor de más de 550 millones de dólares que
incluían exportaciones a países que violan
los derechos humanos como Israel o Arabia Saudí.
El principal problema de las exportaciones canadienses es
que su principal cliente es Estados Unidos y a menudo se
desconoce adónde este país reexporta los materiales
armamentísticos que adquiere de su vecino. Por ejemplo,
33 de los 40 aviones que EE.UU. compró a Canadá
terminaron siendo reexportados a Colombia.
Alemania exportó en 2001 armas ligeras por
valor de 156 millones de dólares. Existe un grave
problema con las exportaciones germanas ya que, si bien
es una legislación restrictiva en la exportación
de armas completas, apenas existe control de las exportaciones
de componentes armamentísticos y del material de
doble uso, lo cual ha provocado que estos materiales hayan
sido utilizados para equipamiento militar de países
como Birmania o Turquía.
Estados Unidos es el líder en todo: producción
de armas, exportación, venta de armas ligeras, y
venta a países menos desarrollados. Exporta una media
de 19.000 millones de dólares al año en armas.
En el último quinquenio su principal cliente ha sido
Arabia Saudí, con unas compras de 6.300 millones
de dólares. Cuatro de las cinco principales empresas
armamentísticas son estadounidenses. La legislación
norteamericana prohíbe brindar ayuda militar a países
cuyas fuerzas de seguridad violen los derechos humanos,
pero EE.UU.exporta armas a Arabia Saudí, Israel,
Nigeria, Filipinas o Sri Lanka.
Francia ha exportado en los últimos años
armas a países como Sudán, Myanmar o China,
que sufren sendos embargos de la Unión Europea o
de Naciones Unidas. En el caso de Sudán y Myanmar
se exportaron casi dos millones de euros en bombas, granadas
y municiones. El problema principal de las exportaciones
francesas es la falta de transparencia.
Italia ha vendido en los últimos años
armas ligeras a países como Sierra Leona, Nigeria,
Colombia o Kazajstán. Estos envíos violan
la propia legislación italiana, que prohíbe
ventas a países en conflicto, que no respetan los
derechos humanos o cuyos gastos en defensa son exagerados.
Uno de los problemas clave de los exportaciones italianas
es que el 33% de las armas son consideradas de uso civil
y reciben un control mucho más laxo. Estas armas
"civiles" han sido vendidas a RD Congo, Colombia
o Guatemala.
Japón ha exportado armas en los últimos
años a Israel, indonesia y Filipinas. 57 empresas
japonesas exportan algún tipo de armamento y 11 de
ellas producen armas ligeras, componentes o munición.
Existe una gran cantidad de exportaciones niponas de doble
uso, que permiten pasar la aduana como material civil y
ser empleadas posteriormente como material militar.
El Reino Unido es el segundo exportador de armas
mundial, con unas ventas de 4.300 millones de dólares
al año. El gobierno de Blair presume de tener uno
de los sistemas de licencias de exportación más
estrictos y transparentes del mundo, pero últimamente
ha hewcho un uso exagerado de las "licencias abiertas",
que permiten hacer múltiples cargamentos a determinado
destino sin necesidad de control. Por otra parte, el criterio
de no exportar armas a los países de menor desarrollo
apenas ha sido puesto en práctica.
Rusia exporta armas alrededor del mundo sin ningún
criterio de carácter ético ni legal. No importa
que haya guerras o procesos de paz: no existe ningún
sistema real de control de exportación de armas,
así que las armas rusas llegan a Uganda, Etiopía,
Irán o Argelia. Algunos de los casos más evidentes
de la falta de criterios son el suministro de munición
a Corea del Norte, de equipamiento militar a Birmania, de
helicópteros de combate a Nigeria, o de grandes sistemas
de artillería a Etiopía mientras pesaba un
embargo de Naciones Unidas sobre este país.
El resultado de todas estas exportaciones es que los países
del G-8 son los principales responsables del suministro
mundial de armamento, que en muchos casos tiene como consecuencia
la perpetuación de los conflictos, el aborto de procesos
de paz y la violación de derechos humanos. Deberían
liderar el camino hacia un mundo más seguro, pero
sus exportaciones contribuyen a incrementar la inestabilidad
y los conflictos.
En el comunicado final de la reunión de Gleneagles,
se mencionaba la necesidad de mejorar "la eficacia
de los controles sobre la transferencia de armas pequeñas
y ligeras". También expresaba que "el desarrollo
de normas internacionales sobre transferencias de armas
sería un paso importante para abordar la indeseable
proliferación de armas convencionales". Ricardo
Magán, coordinador de Armas bajo Control en Intermón
Oxfam, considera que "el G-8 debe abandonar la retórica
y empezar a mostrar acciones concretas, como la adhesión
al tratado internacional. No hacerlo es una irresponsabilidad
frente a quienes sufren la violencia en su propia piel".
Oxfam Internacional y Amnistía Internacional consideran
que si el problema está en el G-8, es el resto de
países los que deben desencallar esta situación.
Ambas organizaciones proponen en su campaña Armas
bajo Control que los gobiernos se pongan de acuerdo para
elaborar y adoptar un tratado internacional para el control
del comercio de armas, que ponga fin a las malas prácticas
existentes. Este tratado internacional, cuya idea ya ha
sido asumida por más de una veintena de países,
debería aplicarse a todo tipo de armas, ser vinculante,
y estar basado en el derecho internacional.
Contacto para medios de comunicación:
Intermón Oxfam-Gabinete de Prensa de Intermón
Oxfam, Héctor Oliva 699.075.276. / 93.482.07.94.
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