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Sierra Leona
Autor: Anthea Lawson/Oxfam

Fereh Musu Conteh fue secuestrada de Mayongbo durante un ataque rebelde, el 7 de mayo de 1998, cuando tenía 13 años.

“Atacaron la aldea a las seis de la mañana mientras dormíamos. Destrozaron la puerta de la casa y entraron; nos sacaron a todos fuera y amenazaron con matarnos. Mi hermana y yo nos cogimos de la mano y decidimos escapar, pero en cuanto nos movimos, uno de ellos cargó su pistola y nos dijo que si dábamos un paso más nos mataría”.

“ Un hombre nos arrancó nuestras ropas. Nos llevaron al río. Uno de ellos ordenó que nos matasen a todos y nos tirasen al río. Otro dijo que no. Al final, acordaron que cada uno de ellos elegiría para sí a una persona de entre los apresados.

“Entonces nos marchamos. Antes de que hubiéramos llegado a Freetown yo ya estaba embarazada. Antes de dar a luz, el hombre que me había fecundado había abandonado el grupo y había ido a entregarse”.

Fereh estuvo con los rebeldes un año y medio antes de conseguir escapar con su bebé y con otras dos chicas menores que ella, que también habían sido secuestradas y a las que ella cuidaba. Se dirigió hacia Freetown y, por casualidad, en la ciudad se topó con sus hermanos mayores. “Entonces regresé a mi aldea, donde me enteré que mi madre había muerto. Enfermó de tristeza, y se murió”.

“ Vi lo que hacían. Mataban, quemaban casas, mutilaban a la gente y les decían que fueran a ver al presidente. Cada uno tenía su propia mujer, y nosotras teníamos que cocinar para nuestro hombre. Había muchas otras niñas de mi edad. A veces vivíamos en medio del bosque y mi salud no era demasiado buena. No había camas y dormíamos en el suelo. A veces había comida buena, pero otras no teníamos nada y vivíamos de la mandioca que arrancábamos de las granjas.

“Ahora vivo con mi hermana mayor. Mi hija tiene seis años y vive con mi tía en Freetown. Estoy estudiando segundo año de secundaria. Quiero seguir estudiando, aunque no estoy segura de quién va a seguir pagando mis matrículas. Pero estoy decidida a seguir estudiando y quiero aprender un oficio”.

Para finales de 1998, cientos de miles de personas de Sierra Leona habían huido a las vecinas Guinea y Liberia o estaban internamente desplazadas dentro de su país. Los ataques del RUF y del AFRC se intensificaron aún más tras su entrada en la capital, Freetown, en enero de 1999. Seis mil personas fueron asesinadas, hubo miles de violaciones y algunos cientos de personas sufrieron la mutilación de pies o manos. Cuatro mil niños y niñas fueron declarados desaparecidos; de 2.000 de ellos seguía sin saberse nada un año después.

 



 
 
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